sábado, 26 de febrero de 2011

Relato histórico por entregas... A PUNTO DE ACABAR (XI)

CAPÍTULO XI
La incipiente claridad del amanecer no despertó a Manola, que no había podido conciliar el sueño en toda la noche. La pequeña Carmen, que acababa de mamar, dormía plácidamente en un canasto ancho que hacía las veces de cuna. La primavera madrileña permitía dormir con tan sólo una manta de abrigo, nada que ver con el pasado y duro invierno, donde temió por su vida y la de los suyos por culpa del frío y el peligro de congelación. En esos días dormían todos apiñados para darse calor humano. Pero ahora, no era necesario y a pesar de que no disponían de demasiado espacio, se podía dormir. Al menos, olvidaban las calamidades durante unas pocas horas.
Paseo de Trajineros, hoy Paseo del Prado.
Manola se levantó sigilosamente y salió a la calle después de lavarse la cara y adecentarse un poco en una jofaina que compartían en la casa. Caminó el corto trecho del Paseo del Prado, desde la Plaza de la Lealtad hasta la Cibeles y observó que no era la única que había recibido la noticia. Mujeres de toda índole,  condición y circunstancia acudían en la misma dirección. La notica de la llegada de hombres desde el frente, era siempre un halo de esperanza para multitud de madres, esposas e hijas, deseosas de reconocer entre los recién llegados a uno de los suyos. A medida que el sol ascendía hacia mediodía, la concentración derivó en aglomeración. Todas nerviosas y expectantes, pero todas, con un aire triste y derrotado. Todo Madrid sabía que aquello, estaba a punto de finalizar.