viernes, 8 de abril de 2011

La más dura de las decisiones ( ALESIA cap. II )


El noble Critognato

 Critognato rompió de nuevo sus pensamientos devolviéndole a la realidad.

- Pero de todos modos hemos de hacer algo. Debemos reaccionar. La situación mejoraría si fuéramos menos gente. Las raciones ya no son suficientes.

- Y ¿qué propones? ¿Salir a luchar? Sería un suicidio. No disponemos de caballería, marcharon a pedir ayuda. Y los romanos han rechazado nuestras escaramuzas una y otra vez. Sus defensas son muy buenas: las trampas, los fosos, la empalizada, los campamentos. Han conseguido cerrar el cerco y ahora sólo podemos esperar. – El tono en el que Vercingétorix hablaba denotaba cierta resignación.

- Hay una solución. Quiero dártela a conocer antes de que mañana la proponga en el consejo.- contestó Critognato.

- A ¿qué te refieres? Un ataque frontal sería nuestro final…

- No hablo de un ataque desesperado. Mi propuesta es otra. Debemos resistir y esperar la ayuda. Pero para ello hemos de dejar de dar comida a los que no sirvan para luchar. Es más, creo que deberíamos expulsarlos de Alesia.- dijo con firmeza y sin inmutarse.

- ¿Estás loco? ¿Pretendes que recaiga sobre mi conciencia una acción como ésa? ¿Cómo voy a expulsar a las mujeres e hijos de la tribu que nos ha acogido? Somos galos y defendemos nuestro territorio frente al invasor. No podemos expulsar de su propia casa a los mandubios.


- Piénsalo bien. César es un buitre que sólo busca su beneficio personal. Les acogerá para poder venderlos después como esclavos. Es una jugada maestra. Mermaremos sus reservas alimentarias ya que tendrán que alimentar más bocas. Ellos sobrevivirán y nosotros podremos aguantar más días hasta que lleguen los refuerzos. Si el ejército que se ha juntado es tal y como suponemos, la victoria será nuestra y les podremos liberar. Hagamos que la ambición de César sea su perdición.

Venta de esclavos por los romanos.

- César no es tan ingenuo – respondió Vercingétorix- ¿Y si no les acoge? ¿Cómo podremos soportar ver como los masacra sin nosotros hacer nada? Nuestros hombres se volverán locos de dolor.

- ¿Y no será lo mismo verlos morir de hambre entre sus brazos? Todos moriremos si seguimos así y nuestra debilidad es evidente. No podrás luchar con guerreros debilitados que no se alimentan. En cambio, si comen estarán fuertes y lucharán con más vigor. Lucharan aún más duro por liberar a sus mujeres e hijos.

- Sería mejor morir en la batalla antes que dejar en manos de César a nuestras mujeres e hijos.- dijo Vercingétorix en tono lapidario.

Critognato se dispuso a ensayar, una vez más, el discurso que había preparado para la asamblea del día siguiente, pero esta vez delante de su caudillo, tratando de buscar su apoyo y haciéndole ver que era la única solución.

- Me acusas de cruel y de cobarde por dejarlos en manos de los odiados romanos. Pero más cobardía es ofrecerse de buen grado a la muerte en una salida desesperada y sin expectativas de victoria, que sufrir con paciencia el dolor y el sufrimiento de la carestía. No es valor nuestra naturaleza guerrera y orgullosa en este caso. Es flaqueza buscar el valeroso final. ¿Cómo lucharán por liberar la Galia los que vienen en nuestro auxilio si deben combatir entre ochenta mil cadáveres de familiares y amigos? Debemos resistir y ofrecerles nuestro brazo armado cuando lleguen y entonces nuestro sacrificio habrá tenido sentido. Porque sacrificarnos por no resistir al hambre sería una acción baldía. No condenemos a toda la Galia por nuestra temeridad en busca de una muerte gloriosa. Eso sí es cobardía. El mérito no está en ser parte de la mayoría que desiste sino más bien, en ser parte de la minoría que resiste.

- Será una decisión que tome en todo caso el consejo. Tienes razón en que es más importante la causa que las personas. Y si nos hemos de sacrificar y aguantar más dolor, lo haremos. No echaremos a perder el esfuerzo de tanto tiempo en un solo día. Pero lo que propones es un hecho sin precedentes.

- No Vercingetorix, te equivocas- exclamó Critognato- Ya lo hicieron nuestros ancestros en la guerra contra los cimbros y los teutones. En nuestras mismas circunstancias saciaron el hambre con la carne de los que juzgaron inútiles para la guerra. Y aquellos salvajes germanos sólo buscaban botín. Después se marcharon a otras tierras dejándonos nuestros fueros, leyes y posesiones. Pero Roma quiere someternos y esclavizarnos para siempre. ¿Es comparable? ¿Debe ser menor nuestro sacrificio? Tomemos la experiencia de nuestros antepasados y convirtámoslo en un precepto para generaciones venideras, que verán en nosotros un ejemplo de lucha y sacrificio por amor a nuestra tierra y por amor a nuestra libertad.