viernes, 13 de abril de 2012

Relato històrico por entregas... LA TRAICIÓN DE VALENCIA (Cap. I)


València al s. XV
Los golpes de martillo sobre los clavos en la madera retumbaban por las estancias de toda la casa. Puertas y ventanas estaban siendo concienzudamente tapadas y reforzadas para tratar de repeler de forma desesperada el ataque que sin duda caería sobre ellos en cualquier momento. La situación había llegado al límite, no cabía la menor duda y todo el mundo estaba convencido de que el gobernador Cabanilles  y el Marqués de Zenete no soportarían más la tensión y harían valer su fuerza en cualquier momento.
 Muchos eran los que colaboraban en estos trabajos a pesar de lo avanzado de la jornada y la poca luz que quedaba. Algunas mujeres se afanaban en encender velas y lámparas de aceite, otras cocinaban algún guiso y otras consolaban a los niños tratando de que no se contagiaran del nerviosismo y la incertidumbre que reinaba en toda la casa, mientras los hombres se dedicaban a hacer acopio de piedras, picas, enseres puntiagudos y cualquier otra cosa que sirviera como arma arrojadiza o defensiva frente a lo inminente. Empezaba a apretar el frío en aquella tarde noche del dos de marzo de 1522 y es que el invierno  en Valencia aunque suave por el día como preludio de la primavera, era frío y húmedo al caer la noche.
Vicent iba de un lado a otro: hablaba con los hombres, arrimaba el hombro cuando había que cargar algún mueble o tablones, estiraba hasta desollarse las manos de la improvisada polea que habían colocado en la azotea para subir piedras que después poder arrojar, hacía carantoñas a los niños cuando se cruzaba con ellos… Disipaba sus fantasmas y sus miedos mostrando una amplia sonrisa y un ánimo envidiable, tratando de mostrar confianza a pesar de que todos sabían que su situación empezaba a ser  desesperada.
Bajó para tratar de animar a sus vecinos de la Calle Virgen de Gracia que imitaban los trabajos de su casa. Al fin y al cabo todos eran parte del gremio y el ataque, en caso de llegar, también  sería contra ellos. Todos los menestrales de la ciudad es decir, los artesanos urbanos agrupados en gremios y  que sobrevivían con el trabajo de sus manos en oficios tan diversos como los cordeleros, pelaires, tejedores, terciopeleros y muchos otros más, habían recibido a Vicent Peris, Capitàn General de las tropas Agermanadas, como un héroe hacía unos días cuando regresó desde Xátiva a Valencia para resarcir su honra y tratar de resucitar en la ciudad cabeza del Reino la traicionada Germania. Su entrada por las Torres de Serranos en loor de multitudes le hizo albergar la esperanza de que aquello pudiera hacerse de nuevo realidad. El pueblo no le abandonaría y juntos todos los menestrales recuperarían el control municipal plantándole cara al inepto gobernador  y al bastardo traidor del Marqués D. Rodrigo, hermano del Virrey Don Diego Hurtado de Mendoza. Días antes, los tres juntos habían instruido un proceso criminal en la Real Audiencia contra Vicent Peris, declarándole traidor y confiscando todos sus bienes.
 Vicent volvió a la ciudad para ponerse en manos del pueblo. Si lo tenían que procesar que lo procesasen y si lo tenían que descuartizar, que así lo hiciesen, pero él siempre había servido con absoluta lealtad al pueblo de Valencia y a ellos se debía. Pero en contra de lo que le hubiera gustado al gobernador Cabanilles, que trató infructuosamente de detenerlo con una partida de sus hombres antes de que llegara a Valencia en una escaramuza en la torre de Silla, pudo esquivar al gobernador con la ayuda de unos refuerzos venidos desde Alzira, llegando sano y salvo a la ciudad de Valencia.
El marqués de Zenete
Rodeado de los suyos, el gobernador hubo de consultar al gobierno municipal que se mostró partidario del perdón para Vicent, un indulto que evitaría tumultos y conflictos mucho más serios. Aunque en realidad era una estrategia para ganar tiempo, reunirse con el Marqués de Zenete y los agentes del Virrey en la ciudad y urdir un nuevo plan para acabar con su ascendencia entre los menestrales.
 Peris fue perdonado oficialmente el 27 de febrero de 1522 lavando su honor y el de su familia, que realmente era lo que más le importaba. A ellos era a quien Vicent había venido a proteger después de perseguir el sueño agermanado en sus luchas contra los hombres del Virrey por las tierras del sur de Valencia.
Pero desgraciadamente, en pocos días la situación había cambiado mucho. Aquellos con los que había creado la Germania, o bien habían muerto en el campo de batalla o se habían plegado a las presiones de los ricos maeses de los gremios que veían interrumpidos sus negocios por la guerra. Ahora sólo los suyos, los más allegados del gremio, las viudas y los huérfanos de sus germans muertos en el campo de batalla de Orihuela días atrás defendiendo su sueño, que ya no tenían más esperanza que vencer o morir, se aprestaban a la defensa del seguro ataque del Marqués y sus acólitos a los que llamaban los mascarats. Resistirían y con la ayuda de Dios tal vez vencerían. Aún había esperanza y eso es lo que Vicent proclamaba aquella fría noche, ya cerrada.
-Id a descansar. Atrancad bien las puertas y ventanas. No salgáis hasta el alba. La noche es aliada de los traidores y de esos hay muchos últimamente en esta ciudad. El nuevo día traerá la solución. No lo dudéis. La justicia de Dios está de nuestra parte.  Los agermanados de Xátiva y Alzira resisten con nosotros.
Vicent se recogió el último y atrancó también la puerta de su casa. Dentro estaban su mujer Isabel Navarro, sus dos hijos y un buen número de fieles agermanados. Habían establecido turnos de vigilancia en las azoteas y un sistema de alerta mutua en previsión de algún tumulto nocturno o un ataque sorpresa. De los “amigos” del de Zenete se podía esperar cualquier cosa.
Fernando el Católico
La planta baja de la casa de Vicent Peris era al mismo tiempo tienda y taller de terciopelo, en lengua vernácula llamado vellut, oficio del que era maestro desde su época segorbina y con el que se ganaba la vida. Cuando llegó a Valencia años ha, había un gran número de maestros del gremio de velluters lo que hacía difícil sacar el negocio hacia delante y conseguir buenos precios en los productos manufacturados. Muy poco a poco se hizo un sitio entre los artesanos y en la organización del gremio. Vicent Peris tenía mucha energía que mostraba en cada uno de sus intervenciones en las reuniones comunes. Esto hizo de él un líder que tuvo que animar a los suyos en una de las coyunturas más desfavorables para los valencianos de principio del siglo XV. Las hambrunas eran periódicas en un Reino tradicionalmente deficitario en trigo. El intrusismo extranjero en los mercados internos y sus nefastas consecuencias para la economía local, era facilitado por la monarquía que les permitía negociar de forma desleal con mejores precios en su territorio a cambio de cuantiosos préstamos con los cuales, pagar las campañas militares por el Mediterráneo que tan obsesionado tenía al Rey Fernando el Católico. Y además, la indeseada presencia año tras año de la temida peste, que se propagaba con facilidad en una tierra pantanosa como era la ribera del Turia haciendo auténticos estragos entre los más desfavorecidos.
Junto al taller estaba la cocina y alrededor de la mesa un buen número de fieles maestros de su gremio y de otros gremios menestrales agermanados como él, que creían en la esperanza que prometían sus proclamas. Creían en sus promesas de libertad.
-          Los menestrales hemos intentado participar en el gobierno municipal como es justo y de ley. Pero nos lo niegan una y otra vez con la connivencia del Rey –empezó diciendo Vicent a los allí reunidos- Joan Llorenç siempre creyó en que el Rey Carlos legitimaría la Junta de los Trece por las buenas y sería fiel a los fueros y leyes propias de nuestro Reino. Pero no fue así y nos vimos abocados a la guerra. Ahora, cuando la situación se complica, son nuestros propios hermanos los que nos dan la espalda. Germans, no dejad que los traidores a la Germania ganen esta batalla. He vuelto a Valencia para resucitar el espíritu de unidad de los menestrales y recuperar el control de la Junta de los Trece que ha sido copado por los ricos maestros de los colegios de arte Mayor, que han vendido la Germania al marqués de Zenete, al Virrey y a los caballeros. Creen que son como ellos y no es así. Nunca les aceptarán aunque les beneficien en estos duros momentos. Debemos resistir a la presión a la que ahora nos vemos sometidos. Y si lo hacemos, el pueblo que ahora está dubitativo, nos apoyará. Recuperaremos el control de la ciudad. Expulsaremos a los traidores y a su líder el Marqués. Le obligaremos a huir junto con el puerco de su hermano el Virrey y haremos de Valencia una república como las italianas. Si el Rey no nos quiere, nosotros tampoco le queremos a él. Usemos las armas que nos dieron para defendernos de los piratas de la Berbería que atacan impunemente nuestras costas y defendámonos con ellas de la tiranía de los poderosos. Hagamos de Valencia un foco cultural y comercial en el Mediterráneo y olvidemos a un Rey que, de tan poderoso, nos ningunea y nos ignora, negándose a venir en persona a jurar nuestros fueros, leyes y costumbres.
Adriano de Utrech recibe
a los Agermanats
A pesar de la arenga y del enérgico tono de voz que Vicent trataba de insuflar a su discurso, las dudas emergían a los ojos de los allí congregados, que habían permanecido en silencio. Pero cuando iba a continuar para tratar de sacar a los suyos de las dudas que les embargaban, una voz desde la azotea rompió el silencio.
-          Un hombre a caballo está en la entrada de la calle y se dirige hacia aquí.
-          ¿Va sólo?
-          Sí Vicent. Cuando le hemos parado nos ha dicho que trae un mensaje para ti del Marqués y del Gobernador.
-          Dejádle pasar. Veamos que nos tiene que decir.
Peris fue hacia la puerta y esperó a escuchar los cascos del caballo. Cuando se cercioró mirando por la ventana de la identidad del interlocutor que le enviaban comenzó a desatrancar la puerta. El mensajero era Jaume Ballester, del gremio de los calderers, un viejo conocido de la Junta de los Trece con los que se había iniciado esta aventura agermanada. Jaume era moderado en sus planteamientos y siempre trató con sus discursos de evitar a toda costa la guerra, pero no se opuso a la intervención armada cuando la situación se hizo insostenible ante las negativas de legitimar la Germania por parte del rey y la concentración de tropas en el Sur por parte del Virrey que amenazaban Valencia. Era alguien de fiar y además venía sólo. De todos modos el menestral, ahora improvisado centinela a las puertas de la casa de Vicent, se cercioró de que no llevara arma alguna encima. El mismo Peris le recibió en la puerta, le hizo pasar e inmediatamente después la atrancó a sus espaldas. Si tenía alguna mala intención debía saber desde el principio que de allí no saldría con vida en caso de intentar alguna treta.
-          Traigo un mensaje para Vicent Peris de parte del Marqués de Zenete y del Gobernador Cabanilles. Un mensaje que quiere evitar conflictos y problemas. Un mensaje de paz.
-          Buen emisario han enviado, pues desde siempre Jaume has defendido la paz como única alternativa. Bien yo lo sé. Y aunque nos es muy extraño escuchar que el Marqués quiere hablar de paz cuando nos ha traicionado y no ha dudado en apoyar a los nobles con los que nos hemos tenido que batir en el campo de batalla, seremos corteses contigo y escucharemos su mensaje.
-          ¿No sería mejor tratar este asunto en privado? – dijo Jaume bajando el tono de voz.
-          Nada he ocultado nunca a mis germans y nada les ocultaré jamás. Di lo que hayas venido a decir.
-          Está bien. Si es esa tu voluntad… - Jaume se aclaró brevemente la garganta y comenzó sin más dilación a transmitir su mensaje – Bien sabes que el pasado 27 de febrero quedaste absuelto de los delitos que la ciudad te imputaba como traidor y rebelde. Fueron los Trece los que impusieron su postura a la del gobernador que tenía voluntad de procesarte.
-          Podréis llamarme cualquier cosa – interrumpió Vicent, pero jamás he sido traidor al pueblo de Valencia.
Jurats de la ciutat de València
-          Y bien que lo sabemos en la Junta de los Trece y por ese mismo motivo presionamos para conseguir tu absolución como así finalmente fue. Eso Vicent, demuestra que el pueblo de Valencia te quiere y te está agradecido por todo lo que has hecho por él. Pero no nos obligues a ponernos en contra de las autoridades una vez más. Ya hicimos aquello que tú proclamabas frente a las posturas de Joan Llorenç más moderadas y que tú tanto criticabas. Nos enfrentamos con las armas a los poderosos señores para defender nuestros derechos. Pero hemos caído derrotados Vicent y la resistencia a ultranza no traerá otra cosa que el desastre.
-          Los germans de Alzira y Xativa aún resisten y nos apoyan a muerte.
-          No te equivoques Vicent. Las tropas del Virrey se acercan tras la victoria de los mascarats en Orihuela. No nos quedan hombres que enfrentar a las cada vez más numerosas fuerzas del virrey. Recibe constantes refuerzos de mercenarios castellanos que vienen en busca de dinero fácil en una campaña que ven ganada de todas todas. El contacto con Mallorca y Cataluña está cortado, pues nuestros milicianos del norte también han sido aniquilados. El Rey apoya a los mascarats y sus caballeros tienen recursos económicos para seguir contratando mercenarios. Y además los moriscos vasallos de sus tierras no tienen más remido que luchar en su bando.
-          ¡Esos cerdos infieles! Deberíamos haberlos expulsado junto con los judíos hace años. Siempre han apoyado a los piratas moros en sus ataques a nuestras tierras. Ahora también nos traicionan y se vuelven contra nosotros…
-          Tú les obligaste a la conversión forzosa en Gandía cuando derrotaste al Virrey en Vernisa. Y ellos no te lo han perdonado. Saben que si la Germania de Vicent Peris triunfa, su situación será muy débil.
-          Las tierras del Reino de Valencia serán para los buenos cristianos. Los moros deben ser expulsados definitivamente de las tierras ganadas en buena lid por la fe católica – intervino Bertomeu Martí, líder de los labradores de la huerta de Valencia que con la Germania aspiraban a mejorar sus duras condiciones de vida accediendo a los ricos campos de regadío junto a la Albufera, en propiedad y uso de los caballeros valencianos que se beneficiaban de tan fértiles tierras y para los que trabajaban los moriscos que aún permanecían en el Reino tras la conquista cristiana de Jaume I hacía ya casi 300 años.
-          La situación es delicada y no podemos hacer frente a tan poderoso enemigo. Debemos buscar una salida honrosa que evite otro baño de sangre. Ya sabes Vicent – dijo Jaume con un tono de voz conciliador – que siempre he querido evitar que nos matáramos entre nosotros. Por eso he venido hoy aquí voluntariamente, para ofrecerte un acuerdo que evite más muertes y sufrimiento. Sólo te pido que lo escuches y lo sopeses. Es un acuerdo que nos puede devolver la paz.
Vicent, ante tan sensatas palabras, tomó asiento en una silla de paja y madera e invitó con un gesto de la mano a hablar a Jaume Ballester, que breve y claramente pronunció las condiciones del acuerdo que ofrecían los mascarats de la ciudad que lideraba el de Zenete, hermano del Virrey. Se le pedía que no fuera en contra del rey ni de ninguno de sus oficiales en ningún caso. Estos últimos estaban nerviosos con su presencia en la ciudad que, suponían, tenía como objetivo reavivar la Germania y seguir enfrentando a la ciudad contra el representante del Rey. El Marqués había visto con buenos ojos el cierre del proceso iniciado contra él días atrás y pretendía que la absolución se considerase una muestra de su buena voluntad ante la situación. El de Zenete no se mostraba rencoroso por el triste episodio del castillo de Xátiva en el que Vicent le había prendido a traición cuando trataban de negociar un acuerdo ventajoso para ambas partes que pusiera fin al conflicto agermanado. Él ahora le ofrecía una salida ventajosa de la ciudad, con una galera que le esperaba en el Grao dispuesta a zarpar hacia donde él quisiera. Le podían acompañar su familia y sus más fieles sin temer nada en absoluto. Y para demostrar su generosidad, le ofrecía dos mil ducados con los que poder iniciar una nueva vida allá donde tuviera a bien establecerse. Pero todo ello con una única condición, que se presentara al día siguiente ante él y le besara la mano como símbolo de rendición y de obediencia al Rey. Si realmente a Vicent le importaba el pueblo de Valencia a quien siempre había dicho defender, sabía que su sumisión y exilio era lo mejor que ahora mismo a los valencianos les podía suceder. El Marqués no podría garantizar más su seguridad si no aceptaba estas condiciones.
-          ¿Qué garantías tengo de que todo eso que se me ofrece es real y no es una artimaña para prenderme?
-          El Marqués propone que el encuentro se realice en sagrado, es decir, en la Iglesia de Santo Tomás. Mañana desde el amanecer y hasta la hora del rezo del Angelus, el Marqués y el Gobernador os esperarán allí. Éste es mi mensaje de paz.
Dicho lo cual, Jaume se dio media vuelta y se dirigió a la salida, que fue desatrancada por un oficial del gremio que le franqueó la salida. Antes de cruzar el umbral se giró y con potente voz dijo:
-          Vicent, sé razonable y evita un baño de sangre. Los menestrales estamos cansados de tanto sufrimiento. No somos guerreros, somos artesanos. Deja que vivamos en paz.
Bertomeu el labrador se giró hacia Vicent una vez cerrada de nuevo la puerta y con tono airado dijo:
-          No estimes más la amistad del Marqués que la del pueblo que te apoya hasta la muerte. No seas tú también un traidor a la Germania. Resiste Vicent, en camino están los refuerzos de Alzira y Xátiva. Los labradores de la huerta de Valencia están contigo y mañana les he convocado para apoyarte. También hemos pedido ayuda a la Comunidad de los castellanos que también se enfrentan al Rey Don Carlos. No traiciones a tu pueblo como Judas lo hizo por una bolsa de plata.
-          Necesito un poco de soledad. Poneos cómodos o id a vuestras casas y tratad de descansar. Si decidís quedaros, mi casa es vuestra. Antes del amanecer os comunicaré mi decisión, pero ahora subiré a reflexionar. Mujer por favor, súbeme algo de comer.