jueves, 26 de junio de 2014

Memorias de Denisse (relato histórico GANADOR en cat. A)

Llegamos al final en la publicación de los relatos que han sido galardonados en la III edición del Concurso de Relatos Cortos Históricos y de Viajes. Hoy publicamos el ganador de la categoria A (históricos y de viajes)
Le toca el turno al relato escrito por:

  ÁRISA  HORIE  VELASCO  de 3º ESO A

PRIMER PREMIO en la categoría A
(relatos históricos y de viajes) 

La calidad literaria y el ritmo del relato, junto con el rigor histórico y la profundidad de los personajes han sido los argumentos que el jurado esgrimió para darle el premio a este relato ambientado en la II Guerra Mundial, en un París ocupado que muestra como la guerra trunca los sueños y las vidas de muchas personas. Un estupendo relato que esperamos que os guste y con el que ponemos fin a la publicación de los relatos galardonados en el concurso de este año, no sin antes repetir la enhorabuena a los premiados y el agradecimiento a los participantes. 

Y no olvidéis seguir leyendo y escribiendo también en vacaciones. tenéis una lista de libros recomendados y recomendables en el blog haciendo click aquí entre los que a buen seguro encontraréis buenos títulos que os harán disfrutar y pasar un buen rato además de disfrutar de la lectura. Aprovechad el tiempo.


Memorias de Denisse



22 de junio de 1994
Lo recuerdo como si fuera hoy. Yo tan solo era una niña, con mucha vida por delante y mucha inocencia. En realidad hace mucho tiempo de aquello, 55 años para ser exactos, pero hay cosas que te dejan marcada de por vida, tanto que desde entonces no vuelves a ser la misma, y eso es justo lo que me pasó a mí.
Me llamo Denisse Douchamp, y nací en una gran ciudad llamada París. Siempre fui una niña alegre a la que le gustaba jugar y divertirse, pero es sorprendente como las cosas pueden cambiar de un día para otro, y como la vida te hace madurar en cuestión de segundos.
Corría el año 1939 y estallaba la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo días antes, ver a mis padres preocupados, hablando en susurros. En esos momentos me preocupaba, imaginaba que algo malo iba a pasar; pero todo el miedo se esfumaba cuando ellos con una gran sonrisa me decían: ‘todo va a ir bien, cariño’. No entendí realmente lo que iba a pasar hasta que sucedió.
3 de septiembre de 1939
Mi padre me pidió que me sentara con él en el sofá. Fui con una sonrisa forzada, pues sabía que lo que tenía que decirme no era bueno; me temblaban las piernas, pero lo logré disimular. Me senté encima suyo dispuesta a escuchar. Sinceramente siempre he sentido gran admiración y cariño por mi padre, y aún a mis 15 años me encantaba sentarme sobre él. Me contó que junto con Gran Bretaña habíamos declarado la guerra a Alemania por haber arrasado Polonia. En ese momento me quería morir. ¿Y si mandaban a mi padre al frente? o ¿y si moría pilotando un avión? Mi padre era piloto, amaba su trabajo, y en esos momentos yo lo odiaba. La rabia me inundaba por dentro, pero sabía que no debía enfadarme con él, no, no era su culpa. Me limité a darle un abrazo mientras una lágrima surcaba mis mejillas y él me decía: ‘no pasará nada pequeña, todo irá bien’.
Un tiempo después de que se declarara la guerra, Francia estuvo más o menos tranquila, como si nada hubiera pasado, esto se conoció como la ‘drole de guerre’, pero yo aún así no dormía por las noches, por lo que pudiera pasar. La masacre no llegó a mi país hasta el día diez de mayo del 40, día en el que mi miedo aumento aún más.
Pero el día que cambió mi vida por completo, el día que me derrumbó para clavarme una espina que aún no he podido sacar fue el 13 de mayo. Ese día mi padre fue a trabajar, esta vez para el general Vuillemin, vigilando desde su avión la ciudad, pues el día anterior las panzerdivisionen alemanas después de franquear el bosque de los Ardenas irrumpieron con sus potentes blindados en la llanura francesa y rebasaron por la espalda el ejército francés y la línea Maignot.
Esa tarde yo fui a mis clases de teatro, creo que ese era para mí el mejor momento de la semana, meterme en otro papel, apreciar cada mínimo detalle de cada personaje, me encantaba; y tenía muy claro que en un futuro sería actriz. Al volver iba especialmente contenta, me habían dado el papel protagonista para la obra y el otro protagonista era Lucas, el chico del que llevaba tiempo enamorada. Por un momento olvidé todo lo relacionado con lo que de verdad sucedía a mi alrededor. Al llegar a casa no pude notar el olor a la cena proveniente de la cocina que había siempre, no le di importancia y saludé mientras canturreaba una canción. Enfilaba el pasillo hacia mi habitación cuando una voz quebrada proveniente del salón me dijo: ‘Denisse, ven por favor’.
Lo que vi al entrar me horrorizó, mi hermana Celine y mi hermano Hugo no podían apenas respirar, y mi madre tenía los ojos rojos de tantas lágrimas a pesar de que se hacía la dura.
-¿Qué ha pasado? No quiero veros mal, ¿lo sabéis? Sois para mí lo más importante.-dije.
-Denisse cielo, a veces la vida es muy injusta-dijo mi madre tomando aire- y se lleva a quien menos se lo merece.
-¿Qué quieres decir?-pregunté alterada.
-Tu padre ha muerto, iba en un caza ‘Poted 631’ cuando le alcanzaron murió al impactar el avión contra el suelo. Pero... -dijo impidiéndome hablar- has de ser fuerte, tienes hermanos pequeños, amigos y gente que te aprecia mucho.
-Me lo prometió -dije con un hilo de voz- me prometió que nada pasaría.
En ese momento recordé una frase que escuché una vez ‘en todas nuestras vidas hay una caída de la inocencia, y después de esto nunca somos los mismos’. Nunca había entendido esa frase, ahora ya lo hacía, y deseaba no hacerlo. En ese momento dejé atrás la inocencia.
Sin papá esto ya es una familia -dije para mi- Y acto seguido me encerré en mi cuarto.
Estuve una semana exacta llorando amargamente lo que en mi vida lo había hecho. Hasta que un día me decidí a salir. Lo primero que hice fue dirigirme hacia mi madre y mis hermanos, los abracé mientras les recordaba lo mucho que los quería.
Al día siguiente las bombas nos tenían atemorizados, y mi madre me dijo que no iría más al colegio. Por la calle todo era diferente, el olor a pólvora inundaba la ciudad. Podías ver árboles, coches…y miles de cosas quemándose a causa de las bombas, e incluso cuerpos inertes por los suelos. Pero lo peor no era el aspecto de las calles, sino el de la gente. En las caras de las personas se apreciaba el dolor, el miedo, la rabia… Todos tenían caras largas, con ojeras. Nada era lo mismo. Parecía que de otra ciudad y otras personas se tratase.
Los siguientes días transcurrieron lentos, prácticamente no salimos de casa y el ambiente no era el mismo.
El 26 de mayo me enteré de que a las 23:00 en Dunkerque se puso en marcha la ‘operación Dinamo’, para evacuar las fuerzas francesas y al cuerpo expedicionario inglés que quedaron atrapados con sus espaldas al mar. Cada vez la guerra se iba más de las manos, y cada vez era más peligroso salir.
Los días pasaron y llegó el 1 de junio. Estaba muy emocionada, ese día veía a Lucas. Antes de salir mi madre me dijo que este mes no iría a teatro, pues lo veía peligroso y una locura que no se suspendieran las clases y no teníamos apenas dinero. Yo asentí pues no quería ocasionar problemas, pero haría lo que hiciera falta por seguir con mis clases, al fin y al cabo, era mi sueño.
Después de cenar me encerré en mi cuarto, y cuando nadie me veía salte por la ventana, corrí todo lo que pude, pues tenía miedo, y llegué al teatro. Solo había llegado Lucas, me saludó con dos besos y me sonrío. Era un poco más alto que yo, y llevaba los pantalones grises de siempre. Para mi tenía la sonrisa más bonita de todas y ese don de hacerme reír por todo. Sé que puede que no fuera el chico más guapo, pero lo que me gustaba era su forma de ser. Al salir de clase el propietario de la escuela me recordó que tenía que pagar junio, y yo sin pensarlo dije que lo haría. A punto de llegar a mi casa vi una enfermería que solicitaba una enfermera nocturna, a cambios de vales para comida, y a pesar de que sabía lo peligroso que era, no me lo pensé dos veces, últimamente la comida escaseaba en mi casa, y aunque eso no sirviera para pagar mis clases, y tuviera que dejarlo valdría para alimentarnos. Ser actriz era mi sueño, sí; pero mi familia era más importante.

Al día siguiente me volví a escapar para trabajar mientras todos dormían. Mi secreto solo lo sabía Alice, mi mejor amiga, quien vigilaba desde su ventana a mi madre, pues yo no quería que esta se preocupara, ya me inventaría alguna excusa para explicar de donde salía la comida.
El tres de junio 300 aviones de la Luftuaffe alemana bombardearon París. Ese día fui con gran miedo a trabajar, tanto que volví a casa con lágrimas en los ojos, tenía miedo pero necesitaba la comida.
El día siguiente lo pasé en casa, evitando las miradas de mi madre por si acaso sospechaba algo. Ese día millones de soldados franceses e ingleses se vieron obligados a replegarse a Dunquerque, una población en la costa, y se improvisó inmediatamente su evacuación por el mar, que duró 10 días y salvó 33800 soldados de ser capturados por el ejército alemán. Yo imaginaba que mi padre estaba entre ellos, que aún vivía y vendría a darme las buenas noches, pero no era así.
Pasaron los días y cada día que pasaba era un poco peor, al llegar a casa un mar de lágrimas surcaba mis mejillas cuando todos dormían. Necesitaba hablar con alguien, contarle mis miedos, mis inseguridades, el problema era que no tenía con quien.
El 14 de junio las tropas nazis entraron a París, recuerdo que aquel día me escapé como siempre mientras Alice vigilaba desde su ventana, lo que vi al llegar al hospital no lo había visto nunca, un montón de gente ensangrentada y a punto de morir, y caras de agonia en las personas, ahí me di cuenta de que la guerra es lo más cruel y horrible que te puedas encontrar, muchos hablan de lo terrible que sería, pero no lo sabes de verdad si no lo has vivido. Ya no era solo el sufrimiento de las personas en aquel hospital, sino también en las calles, las ganas de matar a sangre fría de todas las personas, simplemente por tener ideas diferentes, incluso el agua y la comida empezaban a escasear.
El 17 tras la toma de la ciudad a manos del ejército nazi, el general Henri Petain anunció su intención de firmar un armisticio con Alemania, y el 18 Charles Degaulle hizo un llamamiento a sus compatriotas para seguir luchando en la guerra bajo su liderazgo. Yo tenía miedo de lo que pudiera pasar, cada día las cosas iban a peor, y cada día veía a mi madre más cansada a pesar de que intentaba disimular.
Al día siguiente me enteré de que los nazis habían reclutado a Lucas y a otros chicos del barrio para limpiar las calles de bombas y adiestrarlos en el arte de la guerra, cada vez veía a más personas morir sin nadie que se apiadara desde mi ventana, sabía que si Lucas seguía así acabaría muriendo. Cuando miraba por la ventana veía a Lucas con los ojos entristecidos y se me partía el alma, durante unos días mi día se resumió en mirarlo desde la ventana. Un día una bomba cayó cerca de mi casa y de pronto lo vi tirado en el suelo, acto seguido unos alemanes se acercaron y le dieron una patada para asegurarse de que había muerto, no respondió, inmediatamente las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos, al rato alguien llamó a mi puerta, me acerqué y mis ojos no daban crédito a lo que veían, era Lucas, lo tenía delante mío, a apenas unos centímetros, a pesar de todo no había perdido la sonrisa. Le hice pasar y me dijo:
-Denisse, ahora creen que estoy muerto, necesito tu ayuda, este es el único sitio donde me puedo refugiar.
Yo asentí con una sonrisa tímida, y en seguida le hice un hueco en mi habitación. Los días pasaban y mi relación con Lucas cada vez iba siendo más estrecha, mi amor por él crecía poco a poco en silencio, a la vez que el miedo de que se enteraran de la verdad, pues entonces estaba muerto. Los días que pasó conmigo logró llenar el vacío que sentía después de todo, él me sacaba mis más sinceras sonrisas.
Recuerdo que el 19 de junio salí cautelosamente a por comida, y cuando me quise dar cuenta un soldado alemán me rodeaba la cintura con sus brazos, si mi memoria no falla me dijo que era muy guapa, mientras acercaba con una sonrisa pícara su cuerpo al mío e intentaba quitarme la ropa, apuntaba con una pistola en mi sien, amenazándome con disparar si no le obedecía, yo no me opuse, estábamos yéndonos cuando de pronto el soldado cayó al suelo, una piedra le golpeó la cabeza.
-¡Denisse corre a casa, no mires atrás!-dijo una voz familiar.
Corrí, pero no pude evitar darme la vuelta para ver quién me había salvado. Me giré y vi como Lucas corría detrás de mi, cuando de pronto escuché un disparo y vi a Lucas en el suelo a la vez que el soldado quedaba inconsciente. Me acerqué a Lucas lo más rápido que pude.
-¿Por qué lo has hecho? Podías haberte salvado-dije sin poder contener las lágrimas.
-Debía hacerlo, mi vida no tiene sentido sin ti. Te quiero Denisse, te quiero más que a nadie, jamás lo olvides, pase lo que pase.
-Yo también te quiero Lucas, siempre lo he hecho, y lo haré por el resto de nuestras vidas, no te dejaré escapar, saldremos de esta-dije mientras colocaba mi camisa a modo de venda en su sien.
Corrí a mi casa a pedir ayuda, y nos apresuramos a llevarlo a una enfermería cercana. Mientras estaba tumbado en la camilla me dijo:
-Prométeme que no iras más a trabajar, que aunque parezca que no yo me entero de todo-dijo mientras sonreía sinceramente.
-Te lo prometo. Prométeme tu a mi que saldrás de esta.
Pero ya era tarde. Lo tenía tomado de la mano y noté como su pulso se paraba a la vez que su respiración.
Las lágrimas brotaban de mis ojos como si de un mar se tratase. Cuando pensaba que las cosas no podían ir a peor, al día siguiente mi madre murió por la gripe.
El 22 de junio Francia por fin se rindió ante Alemania, cuando firmó un armisticio. Me alegraba de que para nosotros la guerra hubiera acabado, pues en otros países acababa de empezar. Pero me sentía vacía, nada me llenaba, solo me hacía seguir el hecho de tener que cuidar de mis hermanos.
A día de hoy, como he dicho antes ya han pasado 55 años, el dolor es más lejano, pero aún sigue ahí. He escrito este texto para sacar una espina que tenía clavada hace mucho tiempo, necesitaba contarlo a alguien y he decidido plasmarlo en el papel. Aunque por mucho que haya intentado expresarme lo mejor posible jamás sabrás lo que sufrí si no estuviste presente.
22 de junio de 2014
Me llamo Alice y tengo 89 años. Sí, lo has adivinado, soy la mejor amiga de Denisse. Hoy ya hacen 20 años desde que escribió esto, desde que sucedió aún más. Denisse está muy enferma, le han diagnosticado cáncer y el médico dice que no sobrevivirá mucho tiempo. He decidido añadir esto por si algún día alguien se lo encuentra, para que sepa como acaba la historia de Denisse, pues es una de las personas más fuertes y valientes que he conocido.
Ahora mismo está casada, y es feliz junto con sus dos hijos Lucas y Pierre (en honor a su padre). Por mucho que quiera a su marido, se que jamás ha significado para ella lo que significó Lucas, pues aún se le escapa esa sonrisa cuando habla de él y no hay día que no lo recuerde, para ella es un héroe, el que le salvó la vida. Pienso que amores de verdad solo hay uno en la vida y que de verdad solo nos enamoramos una vez; y ella, sin duda alguna, lo hizo con apenas 15 años y fue de Lucas, a pesar de que quiera a su marido.
Espero haberme explicado bien, y que la historia de Denisse os sirva de ejemplo de superación para el resto de vuestras vidas. Ahora solo espero que allá donde vaya Denisse se reencuentre con todos los seres queridos que perdió en la guerra, y consiga ser del todo feliz para siempre.
 ÁRISA HORIE VELASCO